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EJERCITO ARGENTINO

Semana.com
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SEGURIDAD
¿Mala suerte?
Más que fruto de la fatalidad, los errores militares ocurridos
en las últimas semanas demuestran que pueden estar
faltando reglas claras del combate y un mejor entrenamiento
de las tropas.

El Ejército ha tenido este mes
una mala racha. En las últimas
semanas ha sido protagonista de
tres errores que han dejado
como saldo a 19 personas
muertas -10 militares y nueve
civiles-, un número de víctimas
tres veces mayor al que se
registró en todo el año pasado
por este tipo de episodios.

El primero de estos incidentes
Dos niños y tres adultos murieron
ocurrió en Guaitarilla, Nariño, el
en Cajamarca por un error de un
29 de marzo, cuando una
grupo de soldados. Aunque el
patrulla del Batallón Boyacá
Presidente dijo que se trató de un
disparó contra quienes creía eran accidente, quedan dudas sobre si
delincuentes. Pero los muertos
hubo fallas.
resultaron ser siete agentes del Gaula de la Policía y cuatro civiles.
Este caso, lleno de verdades a medias, se ha convertido en un
rompecabezas para el gobierno, que encima ahora tendrá que
investigar dos nuevos y trágicos episodios.

El sábado 10 de abril en la noche un grupo de soldados del Batallón
Pijaos le disparó a una joven familia que bajaba por una carretera
rural del municipio de Cajamarca, en el Tolima. De las cinco
personas que murieron, tres eran menores de edad, uno de ellos, un
bebé de apenas 6 meses.

Los soldados dicen que dispararon convencidos de que se trataba de
guerrilleros de las Farc, pues la misma guerrilla les había prohibido el
tránsito a los civiles por esa carretera en la noche. De inmediato el
Ejército salió a reconocer su error y a explicar los múltiples factores
que crearon confusión en la tropa: el clima, la presión de las Farc y
la inminencia del combate.

El presidente Álvaro Uribe viajó hasta la zona para presentarles
condolencias a los familiares y enterarse de primera mano sobre lo
ocurrido. No había terminado de explicarle al país que se había
tratado de un accidente cuando en Puerto Gaitán, Meta, tres
soldados del Batallón Serviez caían bajo las balas de sus propios
compañeros por un error de comunicación.

Aunque los mandos militares dicen que el episodio de Cajamarca fue
un hecho fortuito, en el de Puerto Gaitán ya fueron destituidos tres
oficiales que resultaron responsables de un falla letal: no reportarles
su ubicación al resto de los militares que estaban en el operativo.

Aunque cada caso tiene sus propias explicaciones y amerita
investigaciones separadas, tantos errores en tan poco tiempo no
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pueden atribuirse a la fatalidad.

Mucha adrenalina

Durante el último año las
operaciones militares de las
Fuerzas Armadas se han
incrementado al punto que han
marcado un quiebre en la
tendencia de la guerra. Un
reciente estudio realizado por
Michael Spagat y Jorge Restrepo,
para el Royal Holloway College de
la Universidad de Londres,
En el último mes han muerto 10 militares y
sostiene que hoy hay más
9 civiles por errores militares. Aunque los
operaciones militares que en los
altos mandos consideran que estos casos
son aislados, algunos expertos opinan que
últimos 15 años. De ahí que
hacen falta reglas en el combate. De los
crezcan las posibilidades de
errores también se aprende
cometer errores. Es decir que no
se están cometiendo más fallas, sino que estas se hacen más visibles
por el ritmo con el que se está combatiendo.

Un segundo factor que puede estar incidiendo en las equivocaciones
de la tropa tiene que ver con el entrenamiento. El Ejército pasó de
170.000 a 200.000 efectivos en el último año, y los combates se han
incrementado en 20 por ciento. "Ante la cantidad de misiones, tal
vez no está quedando tiempo para el reentrenamiento de la tropa",
observa el general en retiro Manuel José Bonnet.

Cada soldado debe ser reentrenado cada tres meses. Eso le permite
actualizarse y manejar el estrés inherente a la guerra pues en
muchas situaciones, como una emboscada, es el soldado quien
finalmente toma la decisión de disparar. Es claro que en el caso de
Cajamarca los nervios pesaron más que el análisis objetivo de la
situación. Cuando el primer soldado disparó, los demás hicieron lo
mismo, convencidos de que estaban siendo atacados.

Algo similar ocurrió en Puerto Gaitán, donde un grupo de soldados
llegó hasta una casa donde debían estar las Farc y al encontrarla
vacía, se sentaron a descansar en ella. Se relajaron tanto, que se les
olvidó comunicarle a la otra patrulla que habían llegado al sitio sin
novedad. Por eso el segundo grupo de soldados, al ver hombres
uniformados en el sitio, abrió fuego.

Aunque la oficina de instrucción del Ejército dice que está
cumpliendo con la metas fijadas en materia de instrucción, varios
militares consultados coincidieron en que la debilidad del
entrenamiento -y del reentrenamiento- salta a la vista.

Un tercer factor, el más importante, es que al Ejército colombiano le
faltan reglas para enfrentar el combate. Aunque existen unas normas
generales, los soldados deben tener mayor claridad en cada
operación acerca de cuándo disparar, sobre qué objetivo y con qué
intensidad. Esto es lo que los norteamericanos llaman "rules of
engagement" o "reglas de enfrentamiento" y aunque los asesores de
ese país les han insistido a las Fuerzas Armadas colombianas en la
necesidad de implementar estas reglas, fuentes del gobierno
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reconocen que los esfuerzos en ese sentido no son suficientes.

Estas reglas de combate se diseñan tomando en cuenta el derecho
internacional, pero también de acuerdo con la geografía, idiosincrasia
de la población y el objetivo de la misión.

"En el Ejército de Estados Unidos cada operativo tiene sus reglas. En
Irak los soldados pueden dispararle al enemigo -un fedayín- aun sin
ser atacados. Pero en Haití sólo se podía atacar en defensa propia o
para defender a la población civil. Entonces abrir o no fuego depende
de cada misión", le explicó a SEMANA un miembro del comando sur
de Estados Unidos. Aunque estas reglas no evitan ciento por ciento
los errores, sí los disminuyen y permiten aprender de ellos.

Maestra vida

Que las fallas son una buena escuela lo sabe la Fuerza Aérea de
Colombia después del incidente de Santo Domingo. Aunque la FAC
no reconoce todavía su responsabilidad en la muerte de 17 civiles en
un bombardeo realizado en Arauca en 1998, este episodio se ha
convertido en un caso emblemático que cambió las prácticas de esta
fuerza.

Según la oficina de Derechos Humanos de la FAC, desde hace cuatro
años se creó el Centro de Comando y Control que justamente se
encarga de las reglas de enfrentamiento. Ahora las decisiones
operativas no las toma el piloto -afectado por la emoción y
adrenalina del combate- sino que cada operación es minuciosamente
preparada y se actúa con un guión tan preciso como si se tratara de
una obra de teatro en la que cada cual tiene su repertorio. Uno de
los resultados de este cambio es que han disminuido
sustancialmente los daños sobre la población civil.

El otro caso emblemático, ocurrido en el año 2000 en Pueblorrico,
Antioquia, donde el Ejército disparó contra un grupo de niños y mató
a siete de ellos, también ha dejado lecciones. Una de ellas, que es
mejor reconocer los errores que ocultarlos. En aquella ocasión el
Ejército les atribuyó las muertes al ELN y su mentira funcionó como
un bumerán en su contra. Por este episodio el Ministerio de Defensa
pagó la indemnización más alta en toda su historia: 1.000 millones
de pesos.

La reacción del gobierno al reconocer los recientes errores, si bien
abona el camino para que las investigaciones sean más
transparentes y que las familias reciban la reparación a la que tienen
derecho, no apunta a establecer los problemas de fondo. Más bien
deja la sensación de que en toda guerra hay errores inevitables y
fortuitos. Pero la repetición de los casos muestra que algo está
fallando y que no se trata sólo de una racha de mala suerte.
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