Carlos Fuentes Y El Anglicismo
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ducción escrita coherente y eficaz desde el punto de vista RAE (1973): Esbozo de una nueva gramática de la lengua españo-
comunicativo, fin último de cualquier texto, traducido o no,
la. Madrid: Espasa-Calpe.
que se precie de serlo en nuestra lengua.
RAE (2000): Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa-
Calpe.
Bibliografía
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normas acentuales. Santander: Universidad de Cantabria.
Sevilla.
Carlos Fuentes y el anglicismo
gustavo a. Silva
Washington, D. C. (EE. UU.)
Soy un gran admirador de la obra literaria de Carlos Fuentes. Mi admiración se extiende a sus colaboraciones periodís-
ticas y a su extraordinaria capacidad oratoria, que he tenido la suerte de disfrutar en varias ocasiones. Lo que no obsta para
que yo, como simple lector, observe con pena la frecuencia con que en sus escritos afloran anglicismos que mucho los afean.
Una de sus obras donde esta tendencia resulta más patente es El espejo enterrado, publicada originalmente por el Fondo de
Cultura Económica. La impresión que me dejó el libro fue que se trataba de una mala traducción; pero, por más que busqué,
no encontré que por ninguna parte se dijera que había sido traducida.
La inclinación de Fuentes por el anglicismo se manifiesta también en su recentísima obra Inquieta compañía, en la que
tropezamos con pedruscones como estos:
•
«figmento imaginario» (figment of imagination) por producto de la imaginación;
•
«tomando cuidado» (taking care) por teniendo cuidado;
•
«libro telefónico» (phone book) por guía telefónica o directorio telefónico, como diríamos en México
•
«fuera de moda» (outmoded) por anticuado, pasado de moda;
•
«cualquier número de» (any number of) por una cantidad o una infinidad;
•
«siéntase libre de» (feel free to) por no tenga reparo o inconveniente en;
•
«Dresden» por Dresde.
Al final de este libro se da crédito a una persona por el cuidado de la edición y a cuatro por la corrección; entre tantos
no pudieron mejorar el original, ni siquiera se dieron cuenta de que el apellido de uno de ellos tiene mal puesto el acento:
«Rámirez». Uno se pregunta si un autor famoso le ata las manos a los correctores o si estos se dejan intimidar por la fama del
autor y no se atreven a señalarle ningún defecto. Me parece que otras ediciones literarias mexicanas cojean del mismo pie,
pues tengo por allí un ejemplar de Vislumbres de la India, de Octavio Paz, con «cualquier número de» defectos que debiera
haber evitado una buena corrección.
En el caso de Fuentes, el considerable peso del inglés en su escritura se explica porque pasó su infancia en Washington, D.
C. y habla el inglés como un estadounidense. Él mismo ha declarado que en algún momento se enfrentó con la disyuntiva de
escribir en inglés o en español. (A ratos, tal parece que no se hubiera decidido.) Pero eso no debería justificar su propensión
al empleo de anglicismos. Lo irónico de todo esto es que, en Inquietas compañías, el autor pone esta frase lapidaria en boca
de uno de sus personajes, un abogado:
Imagínese, estudiamos juntos en la Sorbona cuando el derecho, así como las buenas costumbres, se aprendían en
francés. Antes de que la lengua inglesa lo corrompiese todo ―concluyó con un timbre amargo.
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Panace@. Vol. IX, n.o 26. Segundo semestre, 2007